El Mediador Intérprete y el Intérprete de Lengua de Señas: Diferencias y la Necesidad de una Formación Integral
En el ámbito de la interpretación para la comunidad sorda, la figura del intérprete de lengua de señas ha sido históricamente esencial. Este profesional ha servido de puente entre personas sordas y oyentes, garantizando la comunicación en diversos contextos. Sin embargo, la creciente complejidad de las interacciones sociales ha puesto de relieve la necesidad de diferenciar entre el intérprete que realiza únicamente una interpretación lingüística (el tradicional «interprete de conferencias») y el mediador intérprete, cuya función abarca también aspectos culturales y sociales. Abordemos las diferencias entre ambos roles y veamos la importancia de formar a los intérpretes como mediadores interculturales y sociales, con el fin de evitar malentendidos, atribuciones arbitrarias o abusos de funciones.
El Intérprete de Lengua de Señas: Un Rol Fundamental pero Limitado
El intérprete de lengua de señas, tradicionalmente, se ha centrado en la interpretación lingüística entre la lengua de señas y la lengua oral. Su función básica es transmitir el contenido del mensaje de forma precisa y neutral, sin involucrarse en las dinámicas sociales o emocionales de los interlocutores. Este papel es esencial en entornos como la educación, la justicia, la salud y el ámbito laboral, donde una interpretación precisa y objetiva es crítica para asegurar que las personas sordas puedan acceder a la información y los servicios en igualdad de condiciones.
Sin embargo, el enfoque exclusivamente lingüístico del intérprete de lengua de señas no siempre responde a las necesidades complejas de la interacción entre personas sordas y oyentes. Las comunidades sordas no solo se diferencian por el uso de una lengua distinta, sino también por una cultura propia, con normas y valores que no siempre son comprendidos por la sociedad oyente. Esta realidad ha obligado a muchos intérpretes a asumir, de manera informal, un papel de mediadores interculturales y sociales, sin contar con la formación adecuada para hacerlo.
El Mediador Intérprete: Un Profesional Multidimensional
El mediador intérprete, en contraste, es un profesional que, además de la interpretación lingüística, facilita la comprensión cultural y social entre personas sordas y oyentes. Su papel va más allá de traducir palabras: debe interpretar contextos, normas culturales y expectativas sociales. Esto es crucial en situaciones donde no solo se necesita una transmisión de información, sino también la gestión de posibles malentendidos culturales y el fomento de la inclusión.
Un mediador intérprete, por ejemplo, debe comprender las diferencias en los valores familiares entre las comunidades sordas y oyentes, ser capaz de detectar tensiones sociales y culturales, y manejar con destreza los contextos donde la interpretación literal podría llevar a un conflicto o malentendido. En un hospital, el intérprete no solo interpreta lo que dice el médico, sino que también ayuda a explicar a la familia sorda los protocolos y normativas que pueden no ser evidentes desde su perspectiva cultural. En un tribunal, debe asegurarse de que la persona sorda entienda las implicaciones culturales y legales de ciertos términos que podrían no existir en su lengua de señas (parte informada).
Problemas Derivados de la Falta de Formación
La falta de formación específica para los intérpretes que actúan como mediadores ha generado diversos problemas. Los intérpretes, por las exigencias de la realidad social, se ven forzados a asumir roles de mediadores sin contar con las herramientas necesarias para hacerlo de manera efectiva. Esta indefinición de funciones ha resultado en malentendidos, abusos y atribuciones arbitrarias de responsabilidades.
Por ejemplo, en muchas ocasiones, un intérprete de lengua de señas que no ha sido formado como mediador puede asumir un rol excesivamente activo en la resolución de conflictos entre sordos y oyentes, cruzando límites éticos. Al intentar ayudar, el intérprete podría influir indebidamente en las decisiones de las personas sordas o interpretar sus deseos de manera subjetiva. Esto no solo compromete la neutralidad que debe mantener el intérprete, sino que también puede desplazar a los verdaderos actores de la mediación: las personas sordas y oyentes involucradas. Este tipo de situaciones erosiona la confianza tanto de la comunidad sorda como de la oyente en la figura del intérprete.
La Variedad de Contextos y la Dificultad de una Formación Unificada
Uno de los principales desafíos para formar a los intérpretes como mediadores es la amplia variedad de ámbitos en los que trabajan. Un intérprete de lengua de señas puede desempeñarse en contextos educativos, médicos, judiciales, laborales y comunitarios, cada uno con sus propias particularidades y exigencias. Esta diversidad hace difícil establecer una única línea de formación que cubra de manera efectiva todas las competencias necesarias para cada situación.
En la actualidad, los programas de formación para intérpretes se centran mayoritariamente en la interpretación lingüística, ya que este es el cuerpo de conocimientos común a todos los ámbitos de actuación. Sin embargo, este enfoque no prepara adecuadamente a los intérpretes para enfrentar las demandas sociales, culturales y emocionales de la mediación intercultural. Un intérprete que se limite a actuar como puente comunicativo no podrá satisfacer las necesidades complejas de las personas sordas en muchos contextos, donde se requiere no solo interpretar, sino también facilitar la comprensión mutua entre dos culturas diferentes.
La Necesidad de Formar a los Mediadores Intérpretes
Formar a los intérpretes como mediadores interculturales y sociales es crucial para garantizar una comunicación efectiva y justa entre personas sordas y oyentes. Esto no significa que el intérprete deba reemplazar a los verdaderos protagonistas de la interacción, sino que debe saber cuándo y cómo cambiar su rol para apoyar el proceso de mediación sin interferir en él. Un mediador intérprete debe ser capaz de gestionar situaciones complejas sin imponer su propio juicio o intervenir más allá de lo necesario, respetando siempre la autonomía de las partes involucradas.
La formación de un mediador intérprete debe incluir, además de competencias lingüísticas, el desarrollo de habilidades interpersonales, conocimiento profundo de las culturas sordas y oyentes, dominio de los contextos o ámbitos en los que se presenta y una comprensión clara de los límites éticos de su actuación. El intérprete debe saber cuándo actuar como facilitador de la comunicación, cuándo intervenir como mediador cultural y cuándo retirarse para permitir que las personas sordas y oyentes gestionen su propia interacción.
Conclusión
La distinción entre el intérprete de lengua de señas y el mediador intérprete es esencial en un mundo cada vez más interconectado y diverso. Aunque los intérpretes han asumido informalmente el papel de mediadores interculturales y sociales, la falta de formación en este campo ha generado problemas significativos. Es urgente que los programas de formación incluyan el desarrollo de competencias de mediación, para que los intérpretes puedan actuar de manera profesional y ética, respetando siempre los límites de su rol y garantizando la comunicación efectiva y equitativa entre las comunidades sordas y oyentes. Solo así se podrá asegurar que los intérpretes sean verdaderos facilitadores de inclusión y comprensión mutua, en lugar de simples intermediarios lingüísticos.