Audismo en ASOIVE: el arquetipo del oyente salvador y su impacto en la comunidad sorda

Audismo en ASOIVE: el arquetipo del oyente salvador y su impacto en la comunidad sorda

Audismo en ASOIVE: cuando el “oyente salvador” dañó la relación entre intérpretes y la comunidad sorda

(Ensayo crítico sobre poder, representación y ética en la interpretación de lengua de señas venezolana)

“ASOIVE le ha hecho mucho daño a los Sordos.”
(Líder sorda de Caracas, testimonio anónimo)

Escuchar (con mis ojos) esta frase, dicha sin estridencias pero con profunda convicción, marcó un precedente en mi convicción para cambiar de algún modo el vínculo entre intérpretes oyentes y la comunidad sorda en Venezuela. No fue una acusación personal, ni una reacción emocional. Fue un diagnóstico político y ético que exigía ser pensado, no descartado.

Este artículo no busca deslegitimar a ASOIVE como institución ni negar su importancia histórica. Tampoco pretende repartir culpas individuales. Su objetivo es otro: nombrar un fenómeno estructural que atravesó a ciertos liderazgos de ASOIVE durante varias etapas de su consolidación institucional, y que tuvo consecuencias profundas y duraderas en la relación entre intérpretes y la comunidad sorda en Venezuela.

Ese fenómeno tiene nombre: audismo.
Y una de sus expresiones más persistentes es el arquetipo del oyente salvador.

¿Por qué hablar de audismo en ASOIVE?

Hablar de audismo no implica mala intención, desprecio explícito ni hostilidad hacia las personas sordas. El audismo, en su forma más común y peligrosa, opera desde la buena voluntad, la tutela y el paternalismo.

Desde una definición político–pedagógica, el audismo es un sistema de creencias y prácticas que sitúa a la persona oyente —su forma de conocer, decidir y representar— como centro legítimo, incluso cuando se actúa “por el bien” de las personas sordas.

En ASOIVE, durante ciertas etapas, este audismo no fue deliberado. Fue heredado del modelo educativo asistencial, aquel que durante décadas entendió a la persona sorda como deficiente, educando pasivo u objeto de intervención, y no como sujeto político, cultural y epistémico.

Del trabajo conjunto al aislamiento institucional

ASOIVE no nació desde una postura audista. Muy por el contrario: la asociación de intérpretes fue fundada en el seno de la Asociación de Sordos de Caracas (ASC), mientras yo formaba parte de la comisión de intérpretes de la ASC, liderada por Alicet Puertas (Sorda) y Maria Isabel Galavis (HOPAS), con vínculos orgánicos, colaboración directa y reconocimiento del liderazgo sordo. Ese origen marcó una diferencia clara.

Sin embargo, con el paso del tiempo y el cambio de liderazgos, esa relación se fue deteriorando. Las alianzas formales con organizaciones sordas se rompieron, y ASOIVE comenzó un proceso de aislamiento institucional progresivo respecto a la comunidad a la que, en teoría, servía.

No fue un quiebre puntual. Fue una acumulación de prácticas.

Prácticas audistas desde el arquetipo del oyente salvador

Durante algunas etapas, ciertos liderazgos visibles de ASOIVE reprodujeron patrones que hoy es necesario nombrar con claridad:

  • Apropiación de la vocería, hablando públicamente en nombre de la comunidad sorda sin mandato ni consulta.
  • Centralidad del intérprete oyente, desplazando liderazgos sordos en espacios de representación.
  • Paternalismo, decidiendo “por el bien de los sordos” sin participación efectiva de estos.
  • Búsqueda de reconocimiento externo, donde la legitimidad se construía más desde lo oyente que desde lo sordo.
  • Resistencia al liderazgo sordo, especialmente cuando este cuestionaba decisiones ya tomadas.

En algunos momentos, la participación sorda fue inexistente en decisiones relevantes que afectaban directamente a sus procesos reivindicativos.

Esto no es un juicio moral. Es un análisis político del ejercicio del poder.

El daño: institucional, relacional y político

Cuando la líder sorda me dijo que ASOIVE había hecho “mucho daño”, no hablaba de un daño emocional ni individual. Hablaba de un daño institucional y acumulativo.

Principalmente:

  • Daño a los procesos reivindicativos sordos, al sustituir la autodeterminación por representación oyente.
  • Daño a la relación intérprete–comunidad sorda, quebrando la confianza durante años.
  • Conflictos éticos, políticos y de poder, que se manifestaron como rupturas abiertas, distanciamiento silencioso, desconfianza sostenida y rechazo explícito desde sectores sordos.

El resultado fue una pérdida de legitimidad profunda.

El punto de inflexión

Durante años, estos patrones se repitieron. Llegó un momento en que ya no podían justificarse como errores aislados ni como diferencias circunstanciales. Fue ahí cuando entendí que el problema no era una decisión puntual, sino un modelo.

Mi distanciamiento de ASOIVE no fue un gesto personal. Fue la consecuencia de reconocer que ciertas lógicas audistas se habían normalizado, y que señalarlas generaba resistencia, incluso aún cuando no se utilizaba todavía ese nombre: audismo.

Ese quiebre abrió la necesidad de pensar otro paradigma.

Interpelación directa a intérpretes

Si eres intérprete y esto te incomoda, detente un momento.

El intérprete no es neutral cuando ocupa espacios de poder, define agendas o intenta representar a otros.
Cuando el intérprete habla por la comunidad sorda, incluso con buenas intenciones, reproduce audismo.

El problema no es ayudar.
El problema es sustituir la voz.

Y esta lógica no solo afecta la relación de la comunidad sorda con los intérpretes, sino que impide el diálogo respetuoso con otros profesionales: maestros, especialistas en audición y lenguaje, terapeutas, formadores. El audismo crea muros donde debería haber cooperación ética.

Hacia un nuevo paradigma: del intérprete salvador al intérprete comunitario

El foco de este texto no es ASOIVE, sino el modelo que debe ser superado.

Hoy emergen prácticas que apuntan a un intérprete comunitario o mediador (no salvador): un profesional que acompaña más allá de traducir letras y señas, que reconoce el poder, que renuncia a privilegios simbólicos y que no ocupa el lugar que pertenece a la comunidad sorda.

Este paradigma no está cerrado. Está en construcción.
Pero tiene un principio claro: sin autodeterminación sorda, no hay ética profesional del intérprete.

Advertencia histórica

Mientras el intérprete se siga concibiendo como salvador, la relación con la comunidad sorda estará condenada al conflicto.

Este artículo es un acto político de posicionamiento y una advertencia al gremio: si no revisamos críticamente nuestro lugar de poder, seguiremos reproduciendo audismo, incluso cuando creemos estar ayudando.

La historia ya mostró las consecuencias. No repetirlas también es una forma de justicia.

Publicaciones Similares